Es una tradición que hoy se mantiene a lo largo de Suiza, Alemania, Austria y Francia. Son tan famosos muchos de estos mercados que se hace muy díficil encontrar hotel, estacionamiento y restaurant a la hora de comer.
Este año fuimos con María y Maxi a conocer el mercado de Colmar, en la provincia francesa de Alsacia, que queda a poco menos de dos horas de Zug.
A diferencia de otros, este mercado se vive en las calles, el clima navideño envuelve por que el paseo se hace a lo largo del centro viejo, luces y adornos rodean al visitante a cada paso por la ciudad.
El frío no perdonó: paseamos todo el día con 3 grados centígrados, que parecían bastante menos. A rato de andar, entrábamos obligados a algún comercio decorado para la ocasión, y con ello el calor volvía al cuerpo.
Encontrar un restaurant para almorzar no fue tarea sencilla, de hecho, la búsqueda nos llevó bastante mas allá de los límites del mercado y una hora de caminata, hasta que una mesa para seis se desocupó en un lindo restó frente a la catedral.
El postre de Clari tenía que ser calentito, y qué mejor que un auténtico Crepe francés en plena calle? Podría haber sido Gluhwine, del tinto o del blanco para los mayores, o bien de varios sabores para los mas pequeños ( cereza, manzana, limón...). O quizás, Castañas Calientes...
Llegada la noche, los farolitos se prenden y hace aún más mágico este lugar encantado donde cada uno puede sentirse parte de un cuento.
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