Cada año, en el segundo sábado de Noviembre, la localidad de Richterswil se ilumina con aproximadamente cinco mil nabos vaciados y convertidos en candelabros. Todo el casco viejo de la pequeña ciudad es adornado rincón por rincón, y al oscurecer comienzan a encenderse las velitas dentro de los nabos. A las 6 y media de la tarde, entrada ya la noche, el iluminado público se apaga, dos bombas de estruendo se escuchan y comienza el desfile de unas decenas de mujeres vestidas de negro. Detrás, cerca de un millar de participantes: niños que portan canastas llenas de nabos tallados y encendidos, y adultos que arrastran carrozas con diferentes diseños, todas alumbradas con las mismas hortalizas vaciadas y convertidas en linternas. Entre carroza y carroza, diferentes bandas tocan sus melodías iluminados con lamparitas en los brazos, la frente o prendidas en el pecho.
Vale la pena llegar un par de horas antes y así apreciar el trabajo de todo el pueblo para hacer de este evento un éxito que atrae a turistas de todas partes, ya que se escuchaban lenguas diversas, y que se ha convertido en toda una tradición por este lado del país, desde el año 1920.
A pesar del frío, lo disfrutamos muchísimo, tanto nosotros como los Recoder.
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| Las bandas tocan en las esquinas, y mas tarde en el desfile |
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| Todo el pueblo trabaja adornando hasta el último rincón |
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| Carroza iluminada de lejos |
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| La misma carroza. Cerca se ven con detalle los nabos iluminados |
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